Su rol en la restauración de las fortificaciones uruguayas
Recordado como historiador, arqueólogo y museólogo, Horacio Arredondo dedicó su vida a rescatar las fortalezas coloniales y a crear el Parque Santa Teresa. Su obra integró conservación, turismo cultural y sostenibilidad, convirtiéndose en un símbolo de la identidad uruguaya.
Recordado y reconocido en diferentes sectores del país, en el centenario de su nacimiento sus restos pasaron a descansar como postrero homenaje en el Parque Nacional de Santa Teresa, frente al histórico edificio de la capatacía, en el lugar que tanto amó.
Las primeras fortificaciones fueron levantadas por los portugueses y luego ampliadas por los españoles durante las confrontaciones imperiales del siglo XVIII, defendiendo el estratégico paso terrestre conocido como la “Angostura”.Mientras tanto, la Fortaleza General Artigas protegía la bahía de Montevideo contra ataques navales, subrayando la importancia militar de esta Banda Oriental, hoy República Oriental del Uruguay.
Caídas en ruina por abandono, como Santa Teresa y San Miguel, o alteradas por el uso, como el Cerro de Montevideo, Horacio Arredondo comprendió su significado. Nacido en Montevideo en 1888 y fallecido en 1967, fue historiador, arqueólogo y museólogo de notable dedicación, autor de numerosas publicaciones. Su firme voluntad lo llevó a promover el turismo cultural y el conocimiento histórico en todo el país.
Entre los homenajes a su figura, en 2002 el Día del Patrimonio se le dedicó, reconociéndolo como el primer promotor cultural y turístico del Uruguay. Su visión integró la restauración sostenible con la armonía entre la creación humana y el entorno natural, asegurando tanto la interpretación como la conservación.
Tras visitar la Fortaleza de Santa Teresa en ruinas en 1917, Arredondo resolvió “escribir su historia, restaurarla y contener las dunas con plantaciones apropiadas”. En 1919 logró que el presidente Baltasar Brum y sus ministros visitaran las fortalezas, lo que condujo a la creación de la Primera Comisión de Restauración en 1923.
Aunque aquella comisión fue efímera, la persistencia de Arredondo derivó en leyes decisivas: en 1927 Santa Teresa fue declarada Monumento Nacional, en 1931 la Fortaleza General Artigas recibió la misma categoría y en 1937 San Miguel fue reconocida como Monumento Nacional y Parque Nacional. Estos hitos colocaron a las fortalezas en el corazón del patrimonio nacional.
Posteriores decretos transfirieron la responsabilidad al Ejército, creando el Servicio de Parques, Monumentos y Museos del Ejército, y más tarde el Departamento de Estudios Históricos del Estado Mayor General del Ejército, se hace cargo de los Museos Militares de Santa Teresa, San Miguel, General Artigas y crea en su propia sede el Museo Militar "18 de mayo de 1811", quedando a cargo de los Parques de Santa Teresa y San Miguel el actualmente denominado Servicio de Parques del Ejército.
Tanto el Fuerte como las Fortalezas, junto con sus Parques Nacionales, permanecen como símbolos vivos de la identidad uruguaya y homenaje permanente a Horacio Arredondo.